viernes, 26 de abril de 2013

#Opinión Anécdota de un venezolano en el apocalipsis político nacional.


Tras 14 años de mandato de un presidente que ha se convirtió en una suerte de Jesucristo de la era moderna para muchas personas y el peor Satanás para otros, el país en el que resido se ha convertido en un apocalipsis, un país polarizado, hundido en la angustia de no saber el futuro que le espera, reclamando justicia, reclamando libertad e igualdad, un país que va rumbo a la censura total.
Todo podrá parecer muy gris en el párrafo anterior, pero no es así, los venezolanos no estamos acostumbrados a callarnos ante la injusticia y ante la censura, los venezolanos sabemos respetar pero también sabemos darnos a respetar y hoy más que nunca los venezolanos estamos actuando como la sagrada democracia, la libertad que costó tantos años de lucha y sangre construir, lo merece.
El que muchos llaman el Jesucristo del siglo XXI logró grandes cambios en éste país, tenía grandes ideales (algunas veces desatinando de la realidad) una filosofía que a simple vista es muy bonita, es muy igualitaria y cautivadora: el Socialismo del Siglo XXI. Una filosofía basada en la filosofía marxista, expuesta por Heinz Dieterich Steffan, sociólogo y analista político alemán conocido por su posición de izquierda y que además fue asesor político del gobierno bolivariano de Venezuela hasta el 2007, tiempo en el cual, Hugo Chávez, lo impuso en nuestra tierra, pero no fueron sino los métodos y las consecuencias negativas del modelo antinatural del socialismo las que han llevado al país a la crisis económica, política y social en la que se encuentra, haciendo creer a algunos que están recibiendo la mayor ayuda posible del gobierno cuando éste los mantiene en la pobreza y les llena el estómago de ideología.
Cuando resides en un país en el que tienes miedo de exponer tus ideales, tus pensamientos y reprimes tu ideología públicamente por miedo a recibir una pedrada, un golpe o un despido en el trabajo sabes que te encuentras en un país donde la libertad es una mujer a la que le están colocando cada vez más apretado el lazo de la censura y la discriminación; cuando resides en un país donde sales a la calle con el temor de no regresar vivo por el peligro de la inseguridad que acaba con miles de venezolanos a diario, pero que 8 muertes son convertidas en señal de injusticia sólo para desacreditar a un político y manipular la información para convertirlo en un “asesino” sabes que a las personas que se encuentran en el poder no les importa la vida ni la muerte de los venezolanos que aquí residimos; cuando sabes que ir al supermercado a comprar la comida de tu familia también se convertirá en una guerra entre los excesivos precios de los productos y la elasticidad de tu bolsillo, sabes que el socialismo es una gran farsa y que no puede ayudar a los más necesitados.
No soy el único venezolano que vive estas situaciones a diario, no soy el único venezolano que sufre por la discriminación y que ha sido tildado de “agente desestabilizador” o “miembro de la CIA” por alguien iluso, no.  No se puede desestabilizar lo que ya está desestabilizado, un venezolano no puede hacer mucho cuando el que está en la silla que le da el poder no se preocupa por estabilizar a la nación sino que pareciera gozar mientras crea más división, un simple venezolano sólo puede protestar, aunque tenga que enfrentarse contra el abuso de las autoridades, sólo puede quejarse como lo estoy y como lo seguiré haciendo mientras éste país siga por el rumbo en que se encuentra, un venezolano como todos los que aquí habitan y que también tienen cientos de anécdotas similares, un venezolano que siente, que vive y que lucha por un cambio.

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