Entendemos
la situación económica por la cual atravesamos cada uno de los habitantes del
país, y claro, luego de dos devaluaciones una del 45% y otra mayor a 100 según
lo dicho por expertos, resulta difícil comer, vestirse, cancelar servicios, y
echar una canita al aire de vez en cuando. Sin embargo, casi todos los años el
transporte público terrestre disfruta de aumentos en el precio de los pasajes y
notamos como ello no se refleja en la atención e infraestructura de los
vehículos con los cuales laboran.
Particularmente
en el Zulia, la situación es caótica e inaguantable, para colmo de males la
delincuencia organizada cada día empeora y en más de una ocasión hay asociación
para delinquir entre los choferes y maleantes. Así que el usuario no solo
soporta el golpe económico del pasaje, sino el robo de lo poco que les queda.
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