jueves, 14 de marzo de 2013

Argo: entre la falsedad y la realidad


Muchas personas (me incluyo), hoy en día, ignoramos acontecimientos relevantes, tanto de nuestra nación (Venezuela) como de cualquier otra. Gran parte de esos hechos, han marcado un antes y un después en las sociedades contemporáneas, en el que días fuertes, agonizantes, tensos y oscuros han sido el abreboca de importantes cambios políticos, sociales y económicos.

En esta nueva oportunidad quiero hablarles de ‘Argo’ (ganadora del Oscar a Mejor Película 2012), el filme de Ben Affleck donde, nuevamente, ejerce su papel como director y protagonista. Basada en una historia real, que salió a la luz pública en la década de los 90, durante la gestión presidencial de Bill Clinton, cuenta una operación secreta emprendida por la CIA en el año 1979, luego de que militares iraníes invadieran la Embajada de Estados Unidos en Teherán, tomando a más de cincuenta (50) rehenes, de los cuales, solo seis (06) pudieron escapar y refugiarse en la casa del embajador de Canadá.


Affleck era uno de los actores menos cotizados en Hollywood durante los primeros años de la década pasada, pareciendo incluso que su carrera iba en decadencia; sin embargo se atrevió y dio un salto a la dirección -sin olvidar sus inicios como actor- con ‘Gone baby gone’ (2007) y tres años después con ‘The Town’ (2010), pero indiscutiblemente ha sido con ‘Argo’ cuando ha logrado el mayor apoyo crítico de su aún prematura carrera como director.

Tras un inicio bien montado y que de alguna forma te hace sentir que algo emocionante está por venir, ‘Argo’ va fabricando, poco a poco, una misión arriesgada con un equipo de lo más peculiar. Bryan Cranston (Jack O'Donnell) y Alan Arkin (Lester Siegel) son la mano derecha de un Affleck (Tony Mendez) serio, pero capaz, que logra armar una producción imaginaria -con guiños por doquier de la aclamada ‘Star Wars’-, sin ponerse en modo de héroe americano. Lo característico de todo esto es que la trama llega a un punto de colocarse aburrida y típica, cuando el protagonista arriba a tierra iraní y la misión va avanzando a un ritmo rápido sin más complicación. No bastante, es ahí donde sucede el punto de inflexión: la misión ha sido cancelada y todo da un giro de 360º. 


El filme se desplaza en el campo de un juego de existencia y utopía: los actores interpretan a personajes que deben convertirse en otros si quieren permanecer con vida, donde quedan las mentiras frente a la vida y en lo que es una misión real tras una película falsa.

La cinta está perfectamente cuidada en todos sus detalles, al punto de mostrar que Ben hizo un enorme esfuerzo para que "Argo" fuera más que una historia que contar.


Magistral en todos los sentidos. La ambientación y la puesta en escena de la década de los 70/80 fueron maravillosas. La fotografía, específicamente en cuanto a los diversos colores, tonos y filtros, de la mano de Rodrigo Prieto, la banda sonora a cargo de Alexandre Desplat y un impecable manejo de composición en cada escena y cómo retratarlas, hacen de esta película  una gran producción desde el primer minuto hasta los créditos finales. El climax es excesivamente tenso, emocionante; espectacular y las tomas finales fueron un tremendo plus. Ni hablar de la situación política y de su manejo. Affleck nos cuenta la historia con una magnífica cantidad de intriga y humor. Por ello se puede decir que 'Argo' es, al igual que la misión del ex-agente de la CIA, Tony Méndez, un completo y rotundo éxito.

En definitiva, este filme no se limita a una presentación académica de una particular historia basada en hechos reales, sino que aborda con descaro todas sus posibilidades, desde el drama más evidente hasta el thriller, sin por ello obviar las particularidades cómicas con las que cuenta. Además, Affleck nos ofrece una actuación suficientemente convincente para que no pensemos en él como el punto débil de la función. No es perfecta -casi-, pero sí una película con la que uno acaba pensando que su tiempo ha estado bien utilizado y que ha invertido lo suficiente para conocer una parte de aquello que aquejó a ciudadanos estadounidenses hace más de treinta (30) años. 




Crédito a los buhítos: