jueves, 28 de marzo de 2013

Tengo ganas de ti



Tras pasar un tiempo lejos Step regresa a Roma y nota que las cosas han cambiado así que decide reconstruir su vida a pesar que el recuerdo de su amigo muerto y de Babi lo ha acompañado todo ese tiempo; logra nuevos amigos, conseguir un empleo, empezar una nueva etapa y conoce a Gin, una chica alegre y preciosa, pero es muy difícil olvidar a Babi, por lo que el libro es un mundo de sentimientos por parte de su protagonista.

Tengo ganas de ti deja mucho que desear a los fans de Tres metros sobre el cielo. ¿O no es así? Muchos piensan que es decepcionante que Babi y Step no logren tener su final feliz y la gran fantasía y pasión del primer libro sea desboronada por completo. Las personas de alguna manera esperaban que la magia e inocencia del primer libro se mantuviera. Sin embargo, para otros es un perfecto capítulo nuevo: algo real que sucede en la vida cotidiana, es cuando algo no funciona solo debes seguir adelante y es lo que intenta hacer Step con Gin y no solo eso sino como debe lidiar con la muerte de dos personas muy cercanas a él y deja atrás los juegos de niños para hacerse responsable de su vida.


Verdaderamente es una relación muy diferente en el cual el romance pasa a segunda plano y el sexo es el especial de la casa. Se nota, asímismo, la madurez y cambio de los personajes al haber avanzado en el tiempo y se conoce más a fondo sus características.

Yo lo recomiendo a cualquier persona que quiera leer un libro con encanto pero real donde se presenta una oportunidad de rehacer la vida y tomar la decisión de tomarla o vivir en el pasado, por lo que muchas personas han pasado, Federico Moccia nos presenta en esta segunda parte de Tres metros sobre el cielo deliciosa novela que nos habla de los deseos, de amor y de sueños.


Millones de jóvenes imitan una escena de la novela y cuelgan en el Puente Milvio –y en los diferentes puentes del mundo- candados con sus nombres, candados del amor al igual que los protagonistas hacen para sellar su amor. Siendo así, un gran ejemplo de cómo la ficción sobrepasa sus barreras hasta la realidad. 



Crédito a los buhítos: