sábado, 20 de abril de 2013

Travesía a la medianoche


Antes de ver esta película tenía no muy buenas referencias sobre la misma y quizá sentía algo de rechazo sobre ella; me di la oportunidad de vislumbrar, nuevamente, el poderío de Woody Allen con una cinta que no pertenece a mi género favorito, pero que cuenta con personajes y locaciones admirables e imperdibles.

‘Midnight in Paris’ (Medianoche en París  narra la historia de un escritor norteamericano algo despreocupado (Owen Wilson) que llega con su prometida Inez (Rachel McAdams) y los padres de esta a París, Francia. Mientras recorre las calles soñando con los felices años 20, se pierde bajo una especie de hechizo que hace que, a medianoche, en algún espacio del barrio latino, su mente viaje a otro universo donde conocerá a personajes con los que jamás imaginaría codearse.

En este precioso relato tenemos la oportunidad de disfrutar del talento de Woody Allen que, a pesar de su alta edad, es un ser que por un lado es capaz de ofrecer obras fuertes y amargas, y por otro filmes ilusionantes, benévolos, risueños, pero infinitamente vitales. De una simplicidad enajenada, que no tiene que ser peor que la dificultad o profundidad en otras películas. Tanto así, que no lo es. Es un grande y multifacético en diversos géneros del cine. Apuesta y gana.

‘Midnight in Paris’ es una película construida en base a arte e historia, donde los elementos que la conforman trabajan en conjunto para transportar al espectador a momentos mágicos, visionarios y poéticos. La blancura y pureza de este filme son espectaculares. La felicidad de Owen Wilson se ve desde el primer minuto hasta el último, haciendo una actuación excelente. El pasado que vive Pender no es el suyo propio, si acaso es un lugar imaginario, producto de todo lo que ha visto, pero que en cierto modo le recuerda lo que siempre quiso, anheló y soñó. Cabe destacar que este es una de las interpretaciones más solidas de este reconocido actor. El resto de cast es muy bueno, realmente acorde y con una Rachel McAdams que se convierte en una verdadera esposa para este despistado Wilson.

La mayor virtud de la película y de su director es precisamente la de hacer parecer fácil lo difícil, porque ofrecer, hoy por hoy, una mirada optimista del amor, combinar realidad y sci-fi, y que nada de todo esto resulte falso es una enorme tarea, complicada, arriesgada y que le da un punto a favor al grande de Allen.

Bien lo dije en unas líneas al principio, que a pesar de que no es uno de mis géneros de películas favorito, deja un mensaje que se refiere a que cada persona vive su vida como quiere vivirla; los sueños son un más allá, quizá, lo más perfecto de nosotros. No quedan estancados: su tiempo y momento llegan.

Allen nos recuerda que cuando el amor aparece es sencillamente maravilloso y debemos ir por él. Independiente si está a tu lado, si es tu vecina, amigo, alguien a quien no conozcas, tu profesora o un vendedor, puede ser adulto o muy joven, estar muy lejos de ti o muy cerca, o tal vez no te das cuenta que existe. En esta película el sentimiento prima sobre la razón, y lo que cada uno debe hacer es dejarse llevar por el torrente de emociones que supone su visionado fotográficamente digno de obra maestra.

Sé que como yo, nacerá en cada uno -o en la mayoría- un sentimiento muy romántico hacia esta ciudad por todo lo que representa y esconde.

Para recordar: “La nostalgia es negación. Negación del doloroso presente.”


Crédito a los buhítos: