lunes, 16 de septiembre de 2013

¿Necesitamos un golpe de Estado?

Imagen cortesía de Google Images
Dedicado a todas aquellas personas que sueñan con esta idea, pero son netamente incapaces de salir a la calle a manifestar. Solo lo escriben, indican, sugieren y consideran al golpismo la salida a todos los problemas del venezolano.

Desde el anuncio de los resultados que dieron ganador a Nicolás Maduro en los comicios del 14A muchos son los que se preguntan por qué no ha habido una manifestación popular en el cual resulte la caída del actual jefe del Estado. Escenarios ha habido para la gestación de tales implosiones: paralización académica del 25% del sector universitario, alto costo de la vida, inflación acumulada de 42,5% de acuerdo a recientes estadísticas del BCV, escasez de artículos de primera necesidad, devaluación oficial de la moneda nacional en 45%, subasta para la consecución de divisas aminorando no solo su acceso sino el valor del bolívar, la parodia que tenemos como gobierno, las burlas de las instituciones del Estado, entre otros.
Con todo el panorama, definitivamente, acontecimientos no han faltado para acabar con los regentes nacionales, pero ¿qué hacer cuando no hay el interés, deseo y mucho menos motivación popular para hacerlo?, ¿ni representantes?, ¿dejaron a los venezolanos a su suerte?, ¿cuáles son las causas reales?

No pretendo jugar al psicólogo, ni a servir de sociólogo y mucho menos convertirme en el Freud del siglo XXI porque bien grande me quedaría parecerlo. Sencillamente las razones saltan a la vista. Los problemas actuales afectan, sin duda alguna, a las clases C, D y E del país, quienes conforme pasa el tiempo ven como sus ingresos tienen una duración menor que la sal diluida en el agua, no obstante han madurado lo suficiente al determinar que los golpes de Estado en muy pocas ocasiones han dejado un buen sabor de boca. Tan solo el derrocamiento del General Marcos Pérez Jiménez pudiera servir como buena ilustración. Del resto se desprenden desagradables experimentos: El Caracazo, las intentonas de 1992 y el vacío de poder del 2002 (denominación dada por el TSJ en 2004), los tontos que acudieron a las calles cual borregos ¿cómo terminaron? Muertos, presos, heridos, asediados.

Ahora ¿no lo hacen por temor? No, este país es de valientes que dejan gobernar a los cobardes, una gran contradicción ciertamente. El venezolano está esperando el qué harán de sus políticos. Lastimosamente en la oposición puro engaño y sueños rotos se vislumbran. Cuando requieren de los ciudadanos allí han estado acompañándolos y nunca han aprovechado esas enormes oportunidades; quieren mover a sus seguidores sobre la base del sentimentalismo y el llanto, dejando a un lado una argumentación sincera, franca y contestataria.

Los golpes de Estado acarrearían un desconocimiento del extranjero al nuevo presidente (caso Pinochet, Paraguay y Honduras), ¿quién oficializaría al nuevo gobierno? No me respondan que esos 65 diputados a la AN de la MUD quienes nunca asisten a las sesiones en el parlamento. No hay jueces, ni fiscal, defensor u otro representante del Estado que pueda darle tal distinción al golpista que para colmo de males acabó con el orden constitucional del país. Los militares, otra vez, a la cabeza del gobierno serían el acabose.

Basta ya de imaginar que una constituyente, la violencia, el saboteo y otros actos de magia acabarán el o los problemas. La sinverguenzura y la ambición se apoderaron del país y lo realmente requerido es una exhaustiva limpieza. A los políticos de turno les ha quedado grande el liderazgo que las bases les otorgan, ellos son los que no han podido homogeneizarse y marchar bajo una premisa única, acarreando un desgaste y cansancio en la ciudadanía que se mantiene muy ocupada en buscar los productos de la canasta básica, de tocador y tratar de estirar los churupos, en vez de escuchar el aberrante léxico del presidente o la esquizofrénica elucubración del líder de la oposición.

Quien vea al golpismo como la salida, pues vaya a Caracas y trate de quemar -si lo dejan- el Palacio de Miraflores, pero no lo sugiera, solo hágalo, y viva las consecuencias para que más nunca se le ocurra dilucidar en tal medida la salida a todos los problemas del país. Si la constitución se aplicara a carta cabal se corregiría tanto mal, solo así podríamos obtener resultados positivos. Los políticos van y vienen, y cuidado si no aparece un nuevo redentor -tercera fuerza política- que obligue otra fusión; pero esta vez entre los grises (MUD) y los neófitos (GPP).

Gabriel Rodríguez
@gabo_rodr

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