miércoles, 5 de marzo de 2014

Benditas palabras del Papa Francisco idóneas en esta turbulencia


En el octavo punto del mensaje de la máxima autoridad de la Iglesia Católica durante la Jornada Mundial de la Paz, se indica que “las justas ambiciones de una persona, sobre todo si es joven, no se pueden frustrar y ultrajar, no se puede defraudar la esperanza de poder realizarlas. Sin embargo, no podemos confundir la ambición con la prevaricación”.  La convulsión social que protagonizamos los habitantes del país, encuentra su principal razón en la desaparición de oportunidades, principalemente para quienes comenzamos o estamos a punto de iniciar el ejercicio laboral de las profesiones.

La juventud venezolana se convierte en el principal bastión de lucha que exige al gobierno su dimisión o reestructuración, para corregir y solventar los problemas socio-económicos y políticos existentes actualmente. No obstante, los representantes del Estado no solo ignoran el clamor de la ciudadanía, sino que desestiman los reclamos aduciendo que ‘al país desde la llegada de Chávez al poder y ahora con Maduro, se le ha generado el mayor nivel de vida’; negando la existencia de una crisis agudizada en el devenir del tiempo y que imposibilita salir adelante y aspirar mejores condiciones de vida y no de subsistencia.

Las sanas ambiciones de un pueblo que desea mayor seguridad, empleo, producción, fuentes de trabajo, inversión socio-económica con el fin de apalear la escasez, inflación e índices delictivos se frustran porque sencillamente la cabeza del poder está más sorda e iracunda que nunca.

Mientras tanto ¿cuántos jóvenes siguen en su casa desempleados?, ¿o muertos en una asqueante calle a causa de un celular?, ¿o bebés enfermándose porque la leche y los pañales siguen desaparecidos?, o lo que resulta peor ¿a qué número asciende la tasa de emigrantes venezolanos?

Y la respuesta sigue siendo la misma por parte del gobierno estamos mejor que nunca’. Para colmo de males el ministro de educación avala que los pobres no tienen por qué dejar de serlo ya que automáticamente se volverían ‘escuálidos’.

A final de cuentas un venezolano tiene que aspirar a ser un lambiscón de las dádivas, delinquir y llevarse a quien pueda por delante, dejarse inundar por la anarquía o seguir la lucha desde cualquier rincón mostrándose civilizado, pacífico y consecuente con sus ideales.

Tal cual dice el Papa la ambición no puede confundirse con la prevaricación’, quienes alzan su voz de protesta, no tienen porqué pretender que su responsabilidad como ciudadano venezolano de trabajar, estudiar, formar parte de una familia, ser constructor de la civilización, deben echarse a la basura solamente porque las circunstancias nos conducen a ello. NO, me niego a pensar así. Eso es mediocridad, delincuencia, excusa, basura e imitación de lo que criticamos.

Nadie tiene porqué pensar que los reclamos son un desafuero y niñada para acabar con el ‘orden’ constitucional del país, pero tampoco quien manifiesta el descontento puede pretender destruir lo que esté a su paso aduciendo querer recuperar el orden constitucional de Venezuela.

Que la lucha persista, sin olvidar qué queremos y cuyas demandas no contravengan los principios civilizatorios y conduzcan a la anarquía e irracionalidad.


Gabriel Rodríguez
@gabo_rodr
 

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