martes, 16 de abril de 2013

Viaje hacia rutas salvajes sin dirección


Into the Wild (Hacia rutas salvajes), narra que a principios de la década de los noventa, el joven, particular e idealista, Christopher McCandless (Emile Hirsch), toma el nombre de Alexander Supertramp, deja a un lado sus pertenencias, hogar, familia y ahorros a la beneficencia y abandona el mundo civilizado, emprendiendo un viaje a la salvaje Alaska para entrar en contacto con la naturaleza y descubrir el verdadero sentido de la vida. 


De la mano del director y guionista, Sean Penn, nace una cinta no apta para todo público, de extensa duración (aproximadamente, 150 minutos) y en la que apuesta por contar una historia basada en hechos reales y que será capaz de marcar la vida de más de uno. Compartir o no la ideología del personaje principal es una de las paradojas más fuertes dentro del film; todo depende de cómo lo asimile el espectador.

Emile es un joven común y corriente que un día decide dejar atrás a su familia en búsqueda de aventuras, pero sobre todo de libertad plena. Lo bonito de esta historia es lo que logra transmitir, evocar y regalar a cada ser, pues cualquiera de nosotros, en algún momento, puede ser Christopher McCandless. El director nos brinda una película brillante, única y con mucha personalidad propia y que le convierte en un cineasta a tener presente.

Es una tremenda historia que cuenta con un increíble mensaje. Cautivadora y llena de muchas facetas, donde las experiencias construyen una aventura hacia rutas salvajes. Hirsch no solo da vida a Christopher McCandless, se convierte en él. La fotografía es una preciosura, la puesta en escena es magistral al igual que la banda sonora original. Es de esos filmes que emocionan muchísimo y tienen momentos de verdadero cine. El factor negativo del film es quizá su larga duración, pero sí que vale la pena.

Sean Penn sabe darle la atmósfera verdadera a este relato, donde esa necesidad del alma que muchos seres humanos sienten de ir en búsqueda del hogar verdadero, de la felicidad no convencional, del plus existencial, del encuentro consigo mismo es reflejada en la gran pantalla para que cada uno conecte con su yo interno. Muestra la vida del protagonista durante esos dos años de viaje, y que sea cada uno el que decida tomar interés, ante un personaje magnético, que atrapa, porque tiene la inmensa característica de saber escuchar, hasta hacer creer su hazaña. Es decir, si accedes, terminas atrapado.

Sin embargo, sé que la película no dejará indiferente; a otros les resultará aburrida, pero el relato de ese singular personaje, Christopher McCandless y su travesía,  la misma en la que renunció a todo con tal de vivir una experiencia única, es cuando menos fascinante y vale la pena invertir todo el tiempo que dura.

No voy a negarles que me gustó, porque les mentiría y mucho menos -como lo dije anteriormente- les diré que a todos gustará, pero pueden darse la oportunidad y aventurar con este buen joven.

Para recordar: "Happiness is only real when shared” (La felicidad es solo real cuando es compartida).




Crédito a los buhítos: